martes, 25 de setiembre de 2012

O P I N I Ó N


 
 
El Valor de la Verdad
 

La telebasura no ha encontrado mejor forma de responder a la dictadura del rating que desnudar inescrupulosamente la vida oculta de personas a cambio de dinero. El valor de la verdad, es en efecto, un programa concurso, adaptación del programa británico Nothing but the Truth, y segunda versión del colombiano Nada más que la verdad en donde los participantes responden a una serie de interrogantes sobre su vida personal oculta y privada a cambio de dinero. El nuevo formato fue estrenado el 7 de julio de 2012, bajo la conducción de Beto Ortiz.

El concurso consiste en 21 preguntas que se formulan al participante las cuales debe responder con la verdad. Si lo logra recibirá como premio mayor el monto cincuenta mil nuevos soles. Las preguntas suben poco a poco de tono. Si el participante no responde con la verdad alguna de las preguntas se va del programa sin dinero. El participante pasa por el polígrafo (detector de mentiras) y responde alrededor de 150 preguntas, los resultados a través del polígrafo no los conoce ni el presentador ni el participante.
 
Fue en este programa que Ruth Thalía Sayes Sánchez, una joven universitaria, confesó que trabajaba como bailarina en un night club, y que no era empleada de un call center, como había indicado a sus padres. La hasta hace unos instantes anónima jovencita sumergida por dinero en la sórdida vida de la refinada prostitución capitalina reveló su vida oculta. Detalles desconocidos por sus padres. En la pantalla una chinita nerviosa se muerde los labios. Un novio mueve las piernas con insistencia. Y unos padres desconcertados sucumben con asombro a las revelaciones de la desnudada intimidad de su hija.
 
También confesó que tuvo sexo por dinero, ingirió en tres ocasiones la píldora del día siguiente y se consideraba bisexual, íntimas revelaciones por las que ganó 15 mil nuevos soles. Rut Thalía señaló en todo momento que se trataba de decisiones personales.
 
Tras sus confesiones los televidentes peruanos pudieron observar el rostro turbado por los sentimientos de inferioridad y vergüenza de sus padres. Cuando se desgarra la intimidad la propia autovaloración queda afectada. En este extremo el arrepentimiento actúa como un consolador transitorio. El prestigio y la estimación están hechos añicos.
 
Como advirtió Ruth Thalía: “Más que el premio quise sacarme ese peso de encima. No lo hice en mi hogar, porque sabía que me iban a botar (sus padres) y los hubiera perdido. Ahora quiero empezar de cero. Con Bryant (su enamorado, quien le acompañó en el set) nos estamos dando un tiempo, él me ha dicho que no quiere herirme con sus palabras y yo estoy esperando”. Sin embargo, desde ese momento su vida personal se hizo cuadritos y no faltaron las llamadas ofensivas consecuencias de sus confesiones. La demolición moral surtió efecto. Unos instantes de popularidad televisiva acabaron con su vida.
 
“Mi mamá no tiene la culpa, yo soy mayor de edad y asumo mis errores y, si quieren agarrarse con alguien, que sea conmigo no con mis padres, que vengan y me lo digan, que no escriban cosas en las redes sociales. Ahora, aparecen tíos, primos y solo salen para criticarme, son hipócritas. La verdad no estaba preparada para todo esto, pero ya lo hice”, añadió Ruth Talía Sayas Sánchez.
 
Después de la arremetida de su entorno familiar. La joven concursante rompió con su novio. El drama se convirtió ayer en tragedia cuando Bryan Romero Leiva, hoy detenido, confesó a la policía que victimó a Ruth Thalía y arrojó su cuerpo a un silo en la comunidad campesina Viñas de Media Luna, en Jicamarca. El detonante del crimen fueron las confesiones de la joven en la televisión. 35 años de cárcel por homicidio esperan a Romero Leiva. Su vida desde el pasado 7 de julio día de la emisión del programa se convirtió en tormento y obsesión. Que un programa de televisión se convierta en la trama de una película de terror parece el desembalse de la intriga y el naufragio del gusto pervertido de los televidentes alimentados por una programación obsesionada por ser el basurero miserable de una perforada intimidad. 

 

Crónicas marcianas

 
Pregunta que no es tan descabellada como nos lo han hecho creer, pues los astrobiólogos vienen haciéndosela desde hace mucho tiempo.
 
En el pasado, afirman los científicos, Marte ha sido similar a la Tierra, tenía una atmósfera muy parecida, fue un planeta cálido y húmedo, así que bien podría haber tenido agua; además, no está demasiado lejos del Sol. Sin embargo, que haya habido agua no implica que hubo vida, hacen falta otros elementos para la vida.
 
Como se sabe, la vida se da gracias a reacciones químicas, y para que esas reacciones se den son necesarios algunos otros elementos, como el nitrógeno, el carbono y el fósforo, entre otros.
Aquí entra a tallar Curiosity, que tras un viaje de 570 millones de kilómetros se tiene programado que estará en el 'planeta rojo', durante un mínimo de dos años.
 
Su lugar de trabajo se encuentra situado en el interior del cráter Gale, en la montaña central de Marte que tiene más de cinco kilómetros de altura.
 
Curiosity deambulará muy lentamente, 4 centímetros por segundo, alrededor de su sitio de descenso, en busca de rocas interesantes para analizar. Para ello esta misión cuenta con 17 cámaras destinadas a identificar objetivos particulares y un láser que escaneará las rocas para analizar su composición química. Todos los resultados son enviados a la Tierra por medio de antenas, los cuales serán recibidos por científicos de todo el mundo que se encargarán de analizar esos datos y establecer la agenda diaria de Curiosity.
 
El artefacto explorador de la más sofisticada teconología, llamado Curiosity gracias a una niña de 12 años que ganó un concurso convocado para darle nombre, pertenece a la tercera generación de vehículos exploradores todoterreno de la NASA.
 
La diferencia sustancial con los anteriores vehículos es que funciona con una fuente radiactiva y no como antes, con paneles solares. Cuenta con una batería de plutonio que le da un tiempo de vida promedio de 14 años y en caso de que necesite energía extra tiene, además, dos baterías de ion de litio que pueden ser recargadas por el generador.
 
Curiosity tiene una longitud de 3 metros y un ancho de 2.8 metros. La altura máxima del vehículo es de 2.2 metros y además tiene un brazo robótico de 2.1 metros de largo.
 
Se moviliza sobre seis ruedas de 50 centímetros de diámetro y cada una de ellas posee un motor eléctrico independiente, facultadas para superar con total seguridad obstáculos de hasta 65 centímetros de altura. Con todo ello Curiosity se ha convertido en el último grito de la moda científica.

 

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