Reencuentro de 2 mundos
En primer lugar, no podemos hablar de una reunión sino de un reencuentro entre dos pueblos que tienen más lazos culturales de lo que podríamos normalmente sospechar. Cuando los españoles llegaron a las Américas trajeron la cultura hispano-árabe. Los conquistadores que provenían de las provincias del sur de España habían absorbido la cultura que dejó la presencia árabe por ocho siglos en la península.
Por tal motivo, la cultura árabe se encuentra vigente en nuestra vida cotidiana. La podemos hallar en la arquitectura colonial, la gastronomía y en el vocabulario de la propia lengua española, que contiene cuatro mil arabismos, como ajedrez, azúcar, guitarra o naranja.
En las últimas décadas, la globalización aceleró el reencuentro de estos dos bloques en un mundo donde prevalecían las relaciones verticales norte-sur. Además, ayudó a visibilizar que ambos pueblos tenemos problemas comunes, como el cambio climático, las repercusiones de las crisis económicas, la amenaza de los desiertos, la amenaza del terrorismo. Por tal motivo se requiere un foro de discusión al más alto nivel para crear vínculos y estrechar relaciones multilaterales.
La sociedad civil también participa en este reencuentro. En forma paralela, líderes empresariales y de negocios de ambas partes se reunirán para compartir sus propias experiencias en las áreas de inversión de infraestructura, telecomunicaciones, energía, comercio y agroindustria en un contexto económico tan difícil como el que se vive hoy en el mundo. El filósofo Emmanuel Kant aseguraba que cuando las repúblicas comercian no solo intercambian mercancías, sino también cultura, ideología, creencias que ayudan a crear un ambiente de cooperación, confianza y seguridad que facilitan la convivencia.
La interacción entre nuestros pueblos ayudará a derribar los estereotipos formados por las industrias culturales de los países desarrollados. La televisión y el cine transnacional han transmitido una imagen caricaturizada de nuestras complejas sociedades. De forma especial, la integración cultural servirá para confrontar a los intolerantes –felizmente una minoría– que desean manipular las religiones para crear conflictos artificiales como ha vivido recientemente el mundo.
Por último, como manifiesta el vicecanciller José Beraún, el foro será una oportunidad extraordinaria para demostrar lo que el "Perú es en la actualidad, lo que ha sido y lo que quiere ser en el futuro".
Si un país desea destacar en el escenario internacional, debe ser capaz de atraer y configurar las preferencias de las otras naciones. El politólogo Joseph Nye denomina esta propiedad "el poder blando" de las naciones. El Perú tiene una extraordinaria ocasión para proyectar la imagen de ser un país con el mayor crecimiento económico y poseer una enorme fuente de riquezas naturales, además de ofrecer oportunidades de inversión gracias a su estabilidad política y jurídica. Bienvenidos a la fiesta de la integración.
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