Urgente reconciliación nacional
Lo trágico para la peruanidad es que al final, todos, peruanos e invasores, se aliaron contra Cáceres para derrotarlo en Huamachuco, y es triste y lamentable que los historiadores señalen que los militares peruanos claudicantes festejaran y se regocijaran con la derrota y la inmolación de nuestros héroes en dicha localidad. Estamos viviendo algo similar en el presente. En los noventa éramos un Estado económicamente quebrado por equivocadas políticas de gobierno y en ruinas por el accionar del terrorismo. Electoralmente postularon Vargas Llosa y Fujimori, siendo este último un perfecto desconocido para todos los peruanos; pero la vanidad de uno y la sencillez del otro hicieron que el pueblo inclinara la balanza a favor del segundo.
La historia la conocemos todos: el gran shock que casi nos mata de infarto por la disparada de precios, la recuperación de la economía, la inserción del país en un mercado globalizado y la derrota militar del terrorismo; aunque al final la corrupción se volvió una lacra indetenible tal como había ocurrido en el régimen militar de los setenta. Al caer Fujimori comenzó una desbocada persecución judicial en la que si los procesos y las sanciones hubiesen llegado en plazo razonable, y debidamente fundamentados, no habría cuestionamientos, pero no fue así.
Lo malo es saber hoy, que por el odio hacia Fujimori, ciertos políticos prefirieron negociar con el terrorismo una “reconciliación” que nunca llegó, sino que ahora la violencia otra vez nos amenaza pero con peruanos odiándose a muerte. La década del odio debe terminar para buscar una reconciliación entre peruanos. El enemigo no arrepentido está allí ahora muy fortalecido. ¿Cómo superar el estigma de que un peruano es el peor enemigo de otro peruano haciéndose amigo del enemigo de ambos?
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