EDITORIAL
De pueblo petrolero a pueblo chatarrero (*)
De pueblo petrolero a pueblo chatarrero (*)
¿Ha visto o leído usted alguna vez que gente y trabajadores de un pueblo petrolero pidan limosnas? Pues aunque parezca inverosímil, sí ocurre. Como quebranto, los dueños de la riqueza de rodillas claman por un puesto de trabajo. No es una opinión de mal gusto, es una realidad aciaga que tiene como complacencia un status jurídico reñido de puro entreguismo y dañino a la soberanía nacional.
A este pueblo de la provincia de Talara, en el departamento de Piura, desde 1996, tiempo en que empiezan a operarse los procesos de privatizaciones, le vendieron la malsana idea que la riqueza nacional manejada por el capital foráneo iba a crecer y que se fomentaría el empleo, se cautelaría los derechos laborales y el pueblo tendría progreso. Con estas infamias, encandilaron a un pueblo desprendido en su esfuerzo por hacer grande al Perú.
Hasta 1996, año de la barbarie privatista, laboraron 10 mil trabajadores en Petróleos del Perú, hasta ese momento una empresa integrada verticalmente. Hoy, de esa población laboral solamente quedan 800; y más mil ocupados en las empresas transnacionales que desde entonces administran los lotes petroleros. Así se resume el “portentoso efecto de la privatización para Talara”.
La historia de la mendicidad que sumió en grave recelo social a Talara tiene muchos más episodios lastimeros. El reo Alberto Fujimori, le asestó una puntada de muerte al pueblo de Talara cuando provocó la quiebra de la pujante industria de la petroquímica de Fertilizantes, Negro de Humo y Solventes, que remataron sus activos como chatarra. En ese momento se truncó la estabilidad laboral a otros 500 trabajadores.
Entre las más “destacadas o millonarias” transnacionales que explotan el crudo en la provincia petrolera se encuentran: Petrobras, Savia Perú (ex Petrotech), Sapet, Graña y Montero, Mercantile, entre otras, que extraen un promedio de 30 a 40 mil barriles de crudo / día. Al precio actual que oscila en US 100 dólares promedio, esa actividad petrolera entreguista, reporta ingresos de entre 3 y 4 millones de dólares por día, solamente por la divina gracia de extraer el crudo y venderlo al mismo dueño Petroperú, a precios que cuadriplican sus costos de operaciones. En conclusión, negocio redondo.
Ahora bien, visto este panorama donde el Estado peruano protege este capitalismo explotador en detrimento del interés nacional, en el distrito capital de Pariñas y en toda la provincia, como consecuencia de esta obsecuencia, se ha establecido una inicua forma de vida, la ciudadanía se viene convulsionando presagiando peligrosas consecuencias sociales.
Como estas insensibles empresas petroleras no quieren cumplir con el compromiso de generar empleo contemplado en los Contratos suscritos con el Estado; el pueblo podría responder desafiante para tomar por la fuerza lo que le corresponde con toda legitimidad.
Pues es tal la pobreza que azota a la familia petrolera que cotidianamente incursiona en los campos petrolíferos para robar lo que considera suyo. ¡Qué ironía! Quiere decir que el pueblo petrolero de Talara es ahora un pueblo chatarrero. De petrolero a chatarrero… ¡Qué tal involución!
Y es que desafiantemente, muchas familias incursionan en los campos petrolíferos y hasta han construido refinerías artesanales de peligrosas consecuencias, rompen los ductos de conducción de crudo. Este es el panorama inaudito producto de la insensibilidad y la falta de entendimiento para aplicar una responsabilidad social, empresarial. Por estas cosas la privatización fue la desgracia más grande para Talara.
Ricaldi Ramírez Ruiz
DIRECTOR
Editor: Andrés Abad Tejada
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