sábado, 15 de octubre de 2011

Editorial… Una premisa municipal es construir ciudadanía

Escribe:
Ricaldi Ramírez Ruiz (*)

Asumir la conducción de un municipio es tener bien puesto el concepto del  mandato popular que no significa otorgar ni asumir un pasaporte para conducir una comunidad a una guerra; no significa irle amoldando en el afán ciego de establecer la dictadura de un grupo sobre los derechos democráticos de las grandes mayorías;  no implica preparar al partido o movimiento vecinal o político que ganó las elecciones a copar cargos, funciones desmedidas;  en una sola palabra a manejar el objeto municipal cual si fuera un botín de mezquinas disputas.

Manejar un verdadero gobierno municipal conlleva a conducirlo para el ejercicio pleno de la satisfacción ciudadana; un municipio que viva dentro de normas y principios sociales de equidad.  La pretensión de establecer diferencias o discriminaciones desdice, rompe el equilibrio, la simetría.  El fundamento democrático de un municipio es que debe ser simétrico, armónico. Se debe inspirar en el principio constitucional que determinar la igual ante la ley.

El primer mandamiento a establecer en una administración municipal es preocuparle la misión y visión de construir ciudadanía.  La contienda electoral anterior debe admitirse sólo en el estricto concepto de la decisión legal de un universo electoral, otorgando un credencial a un grupo humano para que conduzca la administración de una ciudad;  no que la asuma como si fuera un cuartel, una comisaría.  Se  gobierna con el entendimiento, la participación ciudadana, con el equilibrio de inteligencias, buscando el pluralismo y la comunidad social de todos.

Construir ciudadanía es deponer las falsas armas del vencedor que muchas veces cree que le ha sido otorgada una patente que predique la aplicación de medidas absolutistas y caprichosas.  A una ciudad se le lleva, se le prepara, se le amolda para gobernarle bajo un clima de paz, de respeto.  Para ello, lo primero a establecer es admitir como lo ha dicho permanentemente el señor alcalde de Talara, que es la divisa del pueblo por la que gobierna.

Bajo este techo de interpretación hay que tener la convicción, la plena obligación de saber escuchar y admitir las críticas inteligentes que se hacen.  No sólo las críticas, sugerencias, aportes.  La crítica ciudadana viene cuando los actos y acciones están fuera del molde legal y democrático;  cuando se observan la postura de desenfrenos autocráticos, gestos de mandantes ciegos, actitudes irrespetuosas que arrasan y desconocen el verdadero status municipal.

Para este tiempo un alcalde y su equipo de gobierno debe tener ribetes de gran liderazgo social:  el alcalde es un activista que se preocupe no de integrar élites insatistisfechas de poder y de prepotencia;  sino que debe inspirarse en el respeto a las grandes mayorías.  La autocracia lleva a la desigualdad y esta provoca el descontento a la reacción e instala el conflicto.  Es muy lamentable que muchos gobiernos municipales apenas a pocos meses de incoarse ya tienen sus huestes ubicadas en las fronteras del desacuerdo, listas para enfrentar bélicamente al pueblo.

Construir ciudadanía significa compartir respetos, gobernar con equidad preservando y protegiendo la dignidad, el orgullo, la pertenencia ciudadana.  No es lícito que mientras un pueblo espera y espera que se convoque con racionamiento y razonamiento la concurrencia de los derechos ciudadanos, exista un movimiento como Construyendo Región que pretende armarse hasta los dientes, que gobierna con la amenaza, la intriga, con la desfachatez.  Una ciudad se construye con los planos y proyectos del  bienestar ciudadano y no con la intimidación despótica.

Las apreciaciones previas  devienen de la comprobación  y rechazo ciudadano a la absurda pretensión de un equipo que en nuestro medio dirige al movimiento Construyendo Región. El día 13 de octubre en la versión de un programa radial que preconiza la cosa municipal predicaba, amenazaba en actitud de guerra.  Ni siquiera la envestidura de la plana de funcionarios municipales se salvaba,  a todos, tipo la Gestapo o la más cruel de las dictadura se les ponía en evidencia: “Primero es el partido, se decía, el funcionario que no responda a nuestros requerimientos le mochamos la cabeza".  Este tipo de prédicas sí preocupa.  Además se instaba para que todo el mundo de integre a ese movimiento, "es necesario que se instalen bases en todo el ámbito de la Provincia”, se decía de una manera muy alarmante.

El programa radial en referencia se debe ocupar de promocionar  y destacar el quehacer municipal, buscando la  integración;  no la división, la desigualdad.  Su contenido debe tener como fundamento hurgar, escudriñar por el requerimiento ciudadano;  ¿para qué tipo de guerra se está preparando? En lugar de tener como contenido editorial educar a la población, predicar con el ejemplo,  la autoridad municipal ha dejado en manos de ese objetivo a una persona que dista mucho, no reúne las cualidades morales, profesionales, legales; sus antecedentes no sirven para merecer la confianza de una ciudadanía. Bajo este espectro es difícil llegar a la tierra conocida “como ciudad saludable".

Al señor jefe del gobierno local y a su equipo lo debe inspirar no utilizar una popularidad que lo llevó al cargo para masajear su ego;  hay que construir ciudadanía que implica trabajar para generar satisfacciones sociales, hay que ser complacientes con el rigor y requerimiento ciudadano,  la desigualdad es una paradoja democrática, el gobierno de grupo conlleva al crimen de la democracia;  el autoritarismo es premisa del pasado.

(*) Periodista
Director NoticiasTalara.Com
Prensa Digital

No hay comentarios.:

Publicar un comentario