Muchos sectores de la peruanidad, especialmente quienes piensan a nombre del periodismo peruano, sostienen que la "dictadura" del gobierno de la FF.AA. iniciada en 1968 por el General Juan Velasco Alvarado, no fue correspondiente para el Perú. Respetuoso de esas opiniones otorgamos y concedemos el derecho de la duda que reservan nuestros cronistas de la Historia. Ese análisis no es la motivación de nuestro tema.
Desde 1968 - año del levantamiento del General Juan sin miedo, como muchos también lo llamaron - nosotros hijos de la tierra petrolera venimos rescatando en esta fecha histórica, su cauce principal; hay que abrir bien los ojos para que el verdadero contenido de la gesta no se altere, se manipule o se borre su autenticidad. No se puede, ni se podrá desconocer que ese día: 9 de Octubre, la Dignidad de una raza, de un pueblo (...) nos tocó las puertas recodándonos y emplazándonos a entender que así como en el Himno Patrio, decimos: "Somos libres seámoslos siempre"... de igual manera, surge otra expresión para afirmar: Somos dignos seámoslos siempre.
Cuando los que sienten el peso de sus responsabilidades y son acosados en la culpabilidad de sus conciencias, pretenden refugiarse desconociendo las causas de la historia, surge por mandato imperante la obligación de rescatar los pergaminos propios del destino. La Dignidad Nacional es un hermoso regalo prodigado por la historia; es la fecha que reivindica nuestro verbo, es la fecha que nos confronta con la grandeza de un pueblo.
Con este gran desafío que nos impone una conducta del deber y del valor venimos aprendiendo que los pueblos son grandes cuando sus hijos saben valorar sus experiencias por muy cruentas que estas sean. La Dignidad del 9 de Octubre nos hizo legítimos. Nos enseña que debemos protagonizar la historia, nos recalca, nos grita, y nos desafía a ser consecuentes, tener madurez, autenticidad para aprender a ser y vivir en soberanía.
El 9 de Octubre de 1968, la Patria expulsó a una empresa que instaló la explotación, violentó nuestra riqueza petrolera por espacio de largos 60 años, quebrantó el ordenamiento jurídico al imponernos un Laudo Arbitral de Paris, írrito y anti histórico. Por eso, es que, la Dignidad Nacional nacida en aquella gesta, nos devuelve la esperanza, nos rebautiza en el sagrado derecho de manejar y tener soberanía en lo que es una riqueza bien peruana.
Es grandilocuente retomar el tema de la Dignidad Nacional porque es la letra de un Himno que emplaza y desafía. No es posible que desde 1821 vengamos insuflando los pechos para decir: Somos Libres... cuando no tenemos nada de aquello. Nuestras riquezas, las bondades de nuestro suelo, nuestro petróleo, el oro, los minerales… Todo sigue en las infausta manos de los ajenos.
Seamos justos para decir que gracias al destino la Dignidad de la República nació aquí en tierra petrolera. Aquí les enseñamos a todos los peruanos que existen lecciones de asumir cuando se mancilla la nacionalidad y la soberanía. Desde Talara expulsamos a la IPC en 1968, luego en 1987 se expulsó a otra imperialista la Belco Petroleum Corporation... y seguramente nos ubicaremos valientemente para la histórica revisión de los contratos petroleros, lesivos, sin autenticidad, socavadores de la dignidad de los peruanos.
La Asociación de Periodistas de Piura-Talara (ASPETA), con esta opinión inicia una participación histórica obligándonos en reivindicar una conciencia alicaída y demandando ir al despertar nacional.
Publicado en Diario Virtual JackNoticias.Com
Talara, Octubre 9 del 2006
Por Ricaldi Ramírez Ruiz
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