Escribe:
Ricaldi Ramírez Ruiz (*)
Nuevamente se abren las cortinas del debate en torno al "indulto" al señor dictador don Alberto Fujimori Fujimori. Es muy sintomática la reacción mediática de personas, gente de Nueva Mayoría y últimamente del Vicario en Cristo y representante de la Iglesia Católica peruana, que saltan como un resorte hasta el techo, exigiendo libertad para el dictador sentenciado por la justicia peruana; y esto ocurre cada vez que se cae de la cama, le sale una ronchita en la lengua, cada vez que le afecte la depresión o hasta cuando se haga la "pi" en la cama.
La figura legal del Indulto en el Perú, inclusivamente corresponde a presos políticos y es una prerrogativa del Presidente de la República. Con una gran salvedad, no se aplica bajo ningún cielo a presos o sentenciados por delitos de lesa humanidad. Y este es el caso, esté enfermo o no, del señor japonés. Se le da esa calificación, que no da lugar a discusión alguna, por su última participación política como candidato en la nación del Imperio del Sol, como aspirante al Congreso.
No son pocos los peruanos que piden se le otorgue el perdón al ex presidente; argumentaciones se sacan hasta de debajo de la manga de la camisa, argumentaciones algunas que pueden tomarse en cuenta cuando invocan su condición de enfermo o anciano. El comentario, por no decir la intromisión que altera el debate de las opiniones, son los formulados por Juan Luis Cipriani, nada más, nada menos, que el Jefe de la Iglesia Católica del Perú.
Altera el debate, le resta neutralidad al tema, perturba el verdadero quehacer de la Iglesia; en tanto el Vicario nunca antes abrió los labios para pedir clemencia, humanidad, perdón por ningún otro hijo de Dios cuyo estado de salud, se descarnan en los panópticos, se pudren en vida sin que surja una voz mediadora como en el exclusivo caso de Fujimori. En las cárceles del Perú existen miles de internos por delitos comunes que sufren de: tuberculosis terminales, enfermedades irreversibles adquiridas por el descuido perverso cultural e inhumano de los penales, ancianos que mueren todos los días y como nadie los reclaman, los arrojan a la fosa común.
A la intervención del Cardenal Cipriani, la vindicta pública, ha deplorado su impertinencia que linda con la intolerancia de un pastor de Cristo que por no centrar su labor en las verdaderas ovejas perdidas que necesitan de la misericordia de Dios, se rasga las sotanas interviniendo a favor de un inclemente. El Evangelio distinguió una justicia para Pedro y otra diferente para Judas. Eclesiastés uno de los libros más bellos de la Biblia en materia de sabiduría, nos recomienda a Salomón.
En el diario la República, edición del 17-10-2011, recoge puntuales opiniones del público; precisamos algunas:
"El Cardenal Cipriani debería dedicar más tiempo a evangelizar y preocuparse de personas que realmente padecen de necesidades".
"El Cardenal, no es la persona indicada para solicitar el indulto"
"Por qué Cipriani no actuó y se desenvolvió con el mismo sentido de justicia frente a las víctimas del MRTA en su aniquilamiento en la casa del Embajador del Japón".
"Si el informe del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN) dice que Fujimori se encuentra estable, despierto, lúcido ¿dónde está el peligro? Si la salud y la vida le quitan el sueño a Cipriani, nunca ha dicho nada en relación a Abimael Guzmán, Víctor Polay, Antauro Humala; también son parte del rebaño".
"Fujimori, el que se cae y orina en la cama, vive en condiciones mejores que otros presos y debe cumplir con su condena, caso contrario cómo queda la justicia del Perú".
"Fujimori, no tuvo compasión cuando mandó a matar; se apreció su inhumanidad con su propia esposa Susana Higuchi".
"Ahora, si, pobre de chinito... y cuando estaba en el poder era un desalmado asesino y ladrón".
Para resolver este espinoso caso, que ya resolvió la justicia del Perú, hay que tener y obrar con mucha cautela, mucho cuidadito con las espinas del pescado. El único que tiene la palabra es el Presidente de la República que si decide dar el indulto a Fujimori, como un acto pleno de equidad, deberá abrir la puertas de todos los centros penitenciarios del Perú, de ese modo pondría equilibrio e interpretaría con toda humanidad el mandato constitucional que predica y dice: Todos somos iguales ante la Ley; es más, el mandato de la Ley es imperativo, debe cumplirse, caso contrario se vendría abajo la institucionalidad del país y el Estado de Derecho.
(*) Periodista
Director NoticiasTalara.Com
Prensa Digital

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