miércoles, 8 de enero de 2014

TITULARES DE LA NOTICIA EN TALARA.



 
01.- Por el momento, sólamente cambios y rotaciones anunciadas en la MPT: WALTER URBINA HERRERA POR VICENTE FLORES; Y El enroque el CPC Luis Yactayo por Inocente Pulache.
 
02.- La Concentración de los medios afecta la democracia y pureza de la libertar de expresión, asi como sucede con la concentración de poder en las universidades.
 
03.- Elección de Nadine Heredia como presidenta del nacionalismo, si afectó y desconoció la Ley de Partidos políticos.
 
04.- Nueva modalidad electoral: Ganar el voto con diversión, bailes, circo... antes de exponer planteamientos y soluciones.
 
05.- Ahora que la contienda electoral municipal y los candidatos ingresan a la recta final: Talara quiere un alcalde ESTADISTA.
 
06.- URGENTE: QUE TODOS NOS PONGAMOS A TRABAJAR PARA RECUPERAR CAPACIDADES EN VÍAS DE COMUNICACIÓN COMO EL PUERTO Y AEROPUERTO DE TALARA.
 
07.- LA DEUDA DE PETROPERÚ A LA MPT, DEBE SOLUCIONARSE CON LOS CONVENIOS DE OBRAS POR IMPUESTOS.
 
08.- NO EXIGIR LA DEVOLUCIÓN DE LOS LOTES PETROLEROS, SIGNIFICA MANTENER EL STATU QUO DE LAS SERVICES ENGANCHADORAS.
 
09.- SOBRE LA NORMALIZACIÓN DEL VOLUMEN DE CLASES ESCOLARES.. 90-110-120 HRS MENSUALES.
 
10.- CÓMO TERMINARON LOS PRECANDIDATOS MUNICIPALES EL AÑO 2013?.
 
11.- REAPERTURAR LOS VUELOS EN EL AEROPUERTO DE TALARA ES TAN URGENTE, COMO PONER FIRME SOLUCIÓN AL TEMA DEL AGUA.
 
12.- COMO EN LIMA, HAY QUE CONCEDER UN PLAZO PARA ELIMINACIÓN DE CARCOCHAS DEL SERVICIO PÚBLICO DE PASAJEROS.
 
13.- HASTA DÓNDE AYUDA A LOS CANDIDATOS, EL PARTIDO QUE LOS AMPARA?
 
14.- QUÉ PASÓ CON EL DIRECTOR DE ES-SALUD ENRIQUE RAMOS RAMOS?
 
15.- DESDE HOUSTON USA, BACILIO AMORORTU EN SU OPINIÓN SOBRE LEY DE MRT. EN EL PROGRAMA TRIBUNA DEL PUEBLO.
 
16.- ESTA SEMANA SOMOS PERÚ DESLINDA CANDIDATURA MUNICIPAL PETROLERA.
 
17.- EL COLMO, FISCALÍA DIÓ LIBERTAD A UNO DE LOS ASALTANTES DE JOYERÍA DE TALARA.
 

"ANECDOTA ARRANCADA DE LA REALIDAD".

MI RESOLUCIÓN 2014
 

Resolución para el Año Nuevo

 
La nuestra, los nacidos en Talara entre las décadas de los cuarenta y los cincuenta, fue una generación profundamente marcada por el sindroma del “mal del susto”.  Crecimos asustados.  En el seno de nuestras familias era costumbre disciplinarnos asustándonos con el famoso cuco desde mucho antes que tuviéramos uso de razón.  Por quítame estas pajas nos amenazaban con el cuco.  Nos metían miedo con el cuco. El cuco vivía en los cuartos y rincones oscuros y debajo del piso de los canchones de madera. El cuco vigilaba todas nuestras acciones y cuando hacíamos alguna infantil travesura naturalmente el bendito cuco nos iba a jalar las piernas en la noche mientras dormíamos.  En algunas familias el cuco era la mano peluda que abría las ventanas para meterse en los cuartos y esconderse debajo de las camas.  Obviamente, acostarse en la oscuridad de la noche era un diario ritual asociado con el cuco o la mano peluda que vigilaban y acechaban escondidos entre las sombras, debajo de la cama o detrás de las cortinas.  Dormíamos aterrados cubiertos de pies a cabeza y hubo niños que hasta se orinaban en las camas de puro terror.  Y ese terrible miedo al cuco y a la mano peluda se acrecentaba e intensificaba estimulado por las historias de ultratumba, de apariciones de difuntos, de finaditos que arrastraban cadenas, y de almas en pena que los adultos contaban en las noches de tedio. Y no las contaban como anécdotas o cuentos de terror sino como historias verdaderas que les había sucedido a ellos, o, a algún conocido.  Era tan prevalente la figura del cuco en la realidad cultural de aquella época, que cuando algún niño se enfermaba y no se curaba era común diagnosticar su enfermedad como mal del susto –traumatizado decimos hoy en día.  Y para curar el mal del susto las familias del afectado tenían que recurrir a un curandero porque creían que la medicina tradicional era incompetente para aliviar tales males.  Y como Talara nunca sobresalió por la calidad de sus curanderos, las familias tenían que viajar a Tumbes, o a Sullana, tierras de afamados curanderos.
 
Para enmarcar estos apuntes anecdóticos dentro de una perspectiva histórica, cabe aclarar que la mayor parte de la generación de nuestros padres – y madres, claro está- arribaron a Talara en las décadas de los veinte y los treinta procedentes de zonas relativamente aledañas.  Venían de Morropón, de Sechura, de Catacaos, de Chulucanas, de Tamarindo, de Querecotillo, de Vichayal, de Amotape, de Paita, de las comarcas y pueblitos de todo ese entorno geográfico que constituía la parte norte del departamento de Piura.  Tierra rica en tradiciones folklóricas y supersticiones relacionadas con el más allá.  La mayoría de ellos eran gente del campo, gente humilde, peones o arrendatarios de chacritas de las áreas rurales, o pescadores de las zonas costeñas como Colán.  Muchos eran analfabetos, o habían recibido solamente instrucción primaria básica y vinieron a Talara atraídos por la dinámica laboral creada por la explotación de los pozos de petróleo de la Brea y Pariñas y la construcción de la refinería llevada a cabo por la  International Petoleum Company.  Llegaron a Talara como pudieron, muchos con alforjas, otros solamente con lo tenían puesto, y los hubo también algunos que llegaron en burros, con la esperanza de labrarse un futuro prometedor.  Pero mezclados con los sueños y las ilusiones trajeron también bagajes culturales, creencias, tradiciones y supersticiones propias de sus pueblos.  Y entre esas supersticiones, claro está, también se coló en Talara el mal del susto.  Lo irónico del caso es que para muchos de ellos el sueño de mejor vida en Talara se hizo realidad porque sus hijos e hijas, egresados del colegio Ignacio Merino cuando aun era mixto y era la única institución de enseñanza secundaria en Talara, llegaron a ser profesionales respetables –aquejados, en su mayoría, del sindroma del mal del susto, aunque muchos nunca se percataron de ello y sufrieron en silencio.  
 
En fin, como íbamos contando, el susodicho cuco no se esfumó cuando dejamos la infancia e ingresamos a la adolescencia, como hubiera sido natural, sino que cambió de residencia.  De debajo de la cama y del piso de los canchones de madera, se mudó al infierno y al purgatorio y se encarnó en el diablo.  En la adolescencia ya no nos metían miedo con el cuco sino con el diablo o demonio que es lo mismo.  Había que rezar, ir a misa, acudir a las procesiones, confesarse, hacer comuniones, abstenerse de pecar, de tener malos pensamientos so pena de ir al infierno –pasando primero por las llamas del Purgatorio.  Y el Reverendo Pacheco Wilson –que en paz descanse- era un experto en el arte de meter miedo a los feligreses desde su consagrado púlpito de la Iglesia La Inmaculada.
 
Con el trascurso del tiempo y de los años el cuco, que como una hiedra contumaz se había enraizado en nuestro subconsciente desde nuestra infancia, se transformó, cambio de mascara, se camufló y transmutó y cambió de nombres, pero en todas sus personificaciones continuó con su fundamental objetivo que era la de meternos miedo.  Y lo paradójico y absurdo del caso es que continua haciéndolo hasta el presente, ya bien entrada la vejez.  Siempre agazapado, en perenne estado de alerta y vigilante, eternamente a la espera de un pequeño desliz, o de un inconsecuente pecadillo de nuestra humana flaqueza.  Y cuando ello ocurre es entonces cuando el cuco salta con la velocidad de un gato montuno para meternos un fiero zarpazo en la conciencia, pero lo hace disfrazado de achaques, taquicardia, de dolor de espaldas, de angustia, de ansiedad, de depresión, de insomnio, o simplemente de hipocondría.  Pero algunas veces nos embiste inesperadamente, especialmente en momentos vulnerables, en su original versión de puro miedo, de puro terror existencial, sin que conscientemente sepamos exactamente de qué.  
 
Me preguntan los amigos cuál es mi resolución para el Año Nuevo y he decidido, de una vez por todas, buscarme un chamán de los buenos para exorcizar al maldecido cuco, darle una buena paliza y mandarlo a la mismísima mierda para que deje ya de jodernos la paciencia y de ser un obstáculo innecesario al sosiego de nuestra vejez.

O P I N I Ó N

LA BURBUJA UNIVERSITARIA EN DEBATE.
 

LA BURBUJA UNIVERSITARIA, podemos llamar así, con cierta licencia semántica, al crecimiento desmedido del número de universidades, públicas y privadas, en nuestro país.
 
De acuerdo con las estadísticas de la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), tenemos 137 universidades, 51 públicas y 86 privadas, para 30 millones de habitantes, cuando en realidad sería suficiente 60 universidades, 30 públicas y 30 privadas, si todas ellas fueran de calidad. Esta proporción, que corresponde a las necesidades del país, permitiría un uso más razonable y rentable de los recursos materiales y docentes con los que contamos en este momento. Miremos el caso de dos viejos sistemas universitarios: España, con 47 millones de habitantes, tiene 81 universidades, casi todas públicas. Igualmente Francia, con 66 millones de habitantes, en 2011 tenía 80 universidades, casi todas públicas, La Sorbonne en París y la Universidad de Estrasburgo en Alsacia, como ejemplos de universidad metropolitana y regional, ambas de calidad.
Ese mismo año, 2011, el CNRS, el gran Concytec francés, propuso iniciar un proceso de aglutinación de universidades en las regiones para un mejor uso de sus recursos materiales y docentes.
 
El escenario universitario peruano actual está dominado por los siguientes elementos:
Primero, una burbuja que tiene mucha elasticidad y genera una singular oportunidad de estudios para todos los jóvenes que tienen recursos y un interesante mercado de trabajo para muchos docentes de las universidades públicas, aunque muchos de ellos viven esta realidad de manera furtiva y en precario provecho personal.
Segundo, todas las universidades peruanas se encuentran fuera del ranking de las 500 o 1,000 mejores universidades del mundo.
Recién aparecen cuando miramos a las 100 mejores universidades de América Latina, donde encontramos a las muy conocidas PUCP, UPCH y la UNMSM, ubicadas en los dos últimos tercios. Tercero, nuestras universidades públicas, contrariamente a lo que sucede en toda la región, carecen de calidad, no investigan y tienen gobiernos universitarios clientelistas e ineficientes.
 
Cuarto, la temeraria carrera de algunas universidades privadas por captar alumnos sin selección alguna en los niveles socioeconómicos A, B y C amenaza a las universidades privadas serias que aparecen en los rankings.
La referida burbuja nació tímidamente en la década de 1960 como respuesta a una universidad pública más interesada en la política que en lo académico, el conocimiento y la investigación.
 
Se vuelve visible en los años noventa y, sobre todo, a partir de 1996, con el DL Nº 882, en que empieza su loca carrera inflacionaria.
Esta proliferación de universidades es defendida con el falso argumento de que es saludable, crea capital humano de calidad y contribuye a la estabilidad del modelo económico primario exportador actual.
En mi experiencia, este fenómeno no es nada saludable. Por ejemplo, ha llevado a la matrícula en la universidad privada al 62% de la matrícula universitaria total porque simplemente no hacen ninguna selección, ni al ingresar ni después.
Esto lo saben los estudiantes y los docentes, y lo viven como una realidad angustiante. Es, a la vez, un enorme mercado de trabajo para los docentes de las universidades públicas, que una vez nombrados en sus universidades de origen se convierten en docentes “golondrinos” o “invisibles” en las universidades privadas. De esta manera, el presupuesto de las privadas de calidad y del tesoro público terminan al servicio de esta burbuja inflada por los negociantes de la educación superior universitaria.
El número no es necesariamente malo. Lo malo es la naturaleza de esta burbuja que amenaza a las universidades privadas de calidad y permite que muchas privadas vivan parasitariamente del tesoro público. 
Pero lo más negativo es apropiarse de los docentes, de manera inadvertida, también del campo clínico, en el caso de medicina, en los hospitales del Estado, donde utilizan la misma contratación de docentes de las universidades públicas.
En estas circunstancias, es muy explicable escuchar o leer las argumentaciones por una mayor discusión del dictamen de la nueva ley universitaria para mandarla a las calendas griegas y seguir en la situación actual.
¿Quién, finalmente, regula esta burbuja para evitar la demolición de la universidad peruana? ¿Quiénes son, entonces, los interesados en una educación universitaria de calidad? Los estudiantes y los padres de familia, sin lugar a dudas, pero sobre todo el Estado que tiene la obligación de preocuparse por el futuro de la Nación. No es un tema solamente político, ideológico, sino de responsabilidad con el país.
SE AVECINA UNA GRAN PUGNA ELECTORAL.
 
 
El expresidente Alejandro Toledo sufrió ayer un duro revés en el Congreso. La Comisión de Fiscalización aprobó un informe en mayoría en el que se propone denunciarlo ante el Ministerio Público por los presuntos delitos de lavado de activos y asociación ilícita para delinquir. Todo ello por el caso Ecoteva.
 
Es evidente que algunos se alegrarán. Ya se sabe: la patología innata de la sicología de los políticos es disfrutar tanto o más la desgracia del rival que la conquista propia. Sin embargo, no deben alegrarse mucho. Estas investigaciones echan sombras sobre toda la clase política y aumenta su desvalorización.
 
Toledo se ha defendido arremetiendo contra sus enemigos políticos. Lo hace para sentirse más limpio, pero también para participar en esa gran pugna política que está fragmentando al país. Nos referimos a esa carrera por ganar las elecciones generales del 2016, que previsiblemente se llenará de broncas, insultos, ataques, arreglos bajo la mesa y especulaciones. Esa lucha que ya comenzaron Nadine Heredia y Alan García este domingo, con puras acusaciones. Como si creyeran que se puede ganar por el error del otro.
 
Hay otros que se mantienen al margen ocupando su tiempo para blindarse. Sabiendo que se avecina una guerra. Asumiendo la teoría de que la especie humana ha evolucionado precisamente hasta el punto de erradicar casi por completo el miedo a ser atacado por otra especie que no sea la nuestra.
 
Es posible estar peor, pero con voluntad, esfuerzo y claridad de objetivos, es posible mejorar. A todo ello hay que sumarle imperiosamente la rapidez en la acción. Esa velocidad que se ve en los quirófanos cuando entre la vida y la muerte hay apenas minutos o segundos.

O P I N I Ó N

SU DERECHO A ELEGIR.
 
 
(Editorial) Su derecho a elegirHasta ahora, señor lector, este Diario había evitado pronunciarse sobre la controversia generada por el grupo La República en torno a la asociación del grupo El Comercio con el grupo Epensa, presentada como una forma de “acaparamiento” que pondría en peligro la libertad de expresión.
 
Esta era la razón de nuestro silencio: nos parecía que el doble estándar detrás de los argumentos dados para presentar la aludida asociación como un tema no estrictamente empresarial era demasiado evidente como para ameritar una respuesta. Al fin y al cabo, como se sabe, justo antes de empezar su campaña de “denuncia” en contra de la “concentración”, el grupo La República había intentado comprar Epensa a la familia Agois en una adquisición hostil que le hubiera dado la propiedad del 66% del mercado de prensa escrita a nivel de provincias. Y cuidado que este era un 66% que implicaba la compra de una concentración significativamente mayor a la que existe ahora: a diferencia de lo que ha hecho el grupo El Comercio, la operación ensayada por el grupo La República no contemplaba dejar la línea editorial de los cuatro medios de Epensa en manos de una empresa que continúa siendo enteramente controlada por la misma familia Agois. Es decir, si el grupo La República hubiese tenido éxito en su adquisición, tendríamos en el mercado de prensa escrita solo dos grandes grupos editoriales de alcance nacional en lugar de los tres que existen hoy.
 
No obstante lo anterior, la incesante campaña del grupo La República por intentar confundir a la opinión pública sobre este tema (campaña que recientemente llevó a la SIP) y sus obvias tentativas de lograr algún tipo de intervención estatal en el mismo, nos han convencido de la necesidad de responder a esta operación mediática y de mostrar lo endeble de sus razones. Particularmente, luego de las ambiguas declaraciones en las que el primer ministro ha aludido a un supuesto “vacío” en nuestra regulación de medios y ha implicado que este caso es un ejemplo de cómo el derecho a la “libertad de expresión” de las empresas puede perjudicar el “derecho a informarse de las personas”.
 
No queremos que nuestro silencio posibilite que, aunque solo sea a punta de repetir falacias, se confunda a muchas personas de buena fe y eventualmente se acabe creando el ambiente propicio para alguna futura intervención estatal en la prensa al estilo de la Argentina de Cristina Kirchner, el Ecuador de Correa o la Venezuela de los chavistas.
 
Por todo esto, nos parece importante exponer lo siguiente:
 
La única manera en que un medio puede alcanzar sosteniblemente un porcentaje dado del mercado de prensa escrita es mediante la elección de las personas que lo leen. Luego, no es posible limitar el derecho de un medio a alcanzar tal o cual porcentaje del mercado sin limitar al mismo tiempo el derecho de los consumidores a elegirlo.
 
Dicho de otra forma: la libertad de crecimiento de los medios no es más que la otra cara del derecho de las personas de elegir sus fuentes de información.
 
Así las cosas, si hoy el grupo El Comercio tiene el mayor número de lectores de prensa escrita en el país es porque en los últimos años logró desarrollar productos innovadores –como “Trome”, “Perú21” o “Depor”– que gustaron al consumidor, quien los convirtió en los líderes indiscutidos de sus respectivos segmentos. De esta forma fue como el grupo El Comercio, que hace 11 años tenía solo el 10% del mercado de prensa escrita, pasó a tener el 50% del mismo antes de la asociación con Epensa, mientras que en el mismo período el grupo La República cayó del 29% del mercado al 16%. En otras palabras: el grupo El Comercio tiene su posición actual solo por obra y gracia de la elección del consumidor, que puede “concentrar” o “desconcentrar” según quiera, cualquier día. De hecho, nadie podría impedir que los lectores del grupo El Comercio se fuesen al grupo La República si un día este desarrollara diarios que los consumidores comenzasen a preferir. Después de todo, a diferencia de los políticos, la votación a la que estamos sometidos los medios es diaria: esa que ocurre todas las mañanas en los quioscos.
 
El Derecho, por lo demás, toma en cuenta lo antes descrito. Al menos cuando no se le intenta torcer. El artículo constitucional que prohíbe el “acaparamiento” de medios está pensado exclusivamente para la radio y la televisión, porque ambas dependen de un espectro radioeléctrico cuyo número de frecuencias es limitado. Es decir, porque existen en un espacio donde la puerta no está siempre abierta al ingreso de nuevos competidores, como sí sucede con la prensa escrita, donde el ingreso es ilimitado (en cuyo mercado, por cierto, está confirmada la próxima llegada de un nuevo competidor, aparición que nosotros, que sí creemos en la competencia, aprovechamos para saludar). No hay, pues, un “vacío” legal por “reglamentar”, como lo ha sugerido equivocadamente el primer ministro.
 
Por su parte, igual es el caso de la hoy tan mentada “posición de dominio”. Esta posición no está sancionada en el Perú justamente porque ella puede ser –como de hecho ocurre en el mercado de prensa escrita– la simple expresión del éxito en la satisfacción de los consumidores. Lo que está sancionado es “el abuso de la posición de dominio”: su uso para prácticas anticompetitivas. De esto último nadie nos ha acusado ni nadie podría hacerlo fundadamente.
 
No hay que dejarnos engañar. Esta campaña no busca recortar “el poder” del grupo El Comercio: busca recortar el poder de elegir del lector. Y busca hacerlo aun a costa del peligroso juego de meter al Estado a trazar límites que solo correspondería dibujar a usted, señor lector, con sus preferencias. Y busca hacerlo intentando emplear las banderas de la libertad de expresión como disfraz. Y todo esto, para servir a un interés empresarial privado de lograr en el mercado, a través de la ventana del Estado, lo que no le cupo por la puerta de la competencia.

LA TRIBUNA

27 DE ENERO 2014: HORA CERO.
 
 
Imagen de Javier Valle RiestraEn solo un par de semanas, y luego de seis años, el próximo veintisiete de enero, conoceremos, finalmente, la decisión del Tribunal de La Haya, respecto a la demanda que presentamos contra Chile, por el plus-secular conflicto marítimo que tenemos desde antaño. Yo no confío plenamente en la decisión de la Corte Internacional de Justicia. Sus sentencias en casos análogos o de derecho del mar, son eclécticas, tal como sucede en el caso de Colombia con Nicaragua.
 
Esto es sumamente interesante porque el tema es el epílogo plus-centenario del conflicto bélico de 1879 entre Perú, Bolivia y Chile. Lamentablemente, el Tratado Rada Gamio – Figueroa Larraín de 1929, no puso punto final al tema porque no definió el asunto de las aguas marítimas que hoy se debate en la CIJ. Entonces, no había una concepción del derecho del mar, la cual ha sido desarrollada posteriormente y que nos reconoce derechos adquiridos. Nuestra tensión fronteriza con Chile tiene así ciento treinta y cuatro años.
 
No estemos animados para un triunfo total y aunque lo tuviéramos, Chile, tras su máscara socialista, oculta una posición prusiana, militarista e imperial. Recordemos que Chile no cumplió con lo establecido en el Tratado de Ancón de 1883 y saboteó la posibilidad del plebiscito para definir la situación de Tacna y Arica ocupadas (1893). Por eso, Leguía firmó en 1929 el aludido tratado, en cuya virtud cedimos Arica, pese a su peruanidad mantenida, incluso, cincuenta años después de la derrota.
 
De allí se desprende que la fórmula adoptada por la Constitución de 1979, caracterizó al “dominio marítimo” como un concepto amplio y compatible con la Convención del Mar que en ese entonces el Perú venía negociando. En buena cuenta se entendía que el “dominio marítimo” no era equivalente al mar territorial, sino que además de comprender este espacio, también se entendía a los que hoy conocemos como zona económica exclusiva. En resumen, el Tribunal deberá aplicar los principios de la Convención del Mar pese a que Perú no la haya ratificado, ya que es la nueva ley del mar de las naciones. Su Constitución del mar.
 
Es una Convención que ya funciona en cerca de doscientas naciones. ¿Qué vaticino? Una victoria del Perú en la CIJ no sería respetada por Chile. Una victoria chilena reabriría las heridas existentes. Una solución ecléctica provocaría a ambas partes. Entramos así a una situación brumosa. No vaticinable.

TALARA

DEBATE TRASTOCADO: DE REFINERÍA TALARA A PETROPERÚ.
 
Queda clara la intencionalidad del ministro de Economía y Finanzas Miguel Castilla, en la reciente ley aprobada en el Congreso de la República sobre la modernización de la refinería Talara de propiedad de Petroperú. No era el proyecto modernizador el tema de fondo sino la venta de acciones, el relevo masivo de personal y nuevas reglas para la gestión de la petrolera estatal.
 
En la mencionada ley, respecto a la norteña refinería, solo se tiene la formalidad que autoriza al Ministerio de Economía otorgar garantía soberana hasta por mil millones de dólares, para respaldar el endeudamiento, para lo cual no se requería acudir hasta el Legislativo. De allí hacia delante lo trascendente son tres cosas: la reorganización de la empresa en el plazo de nueve meses, la venta del 49% de las acciones y la restricción en la ejecución de inversiones.
 
La necesidad de una reforma en la empresa para que se tomen decisiones de carácter económico y estratégico con racionalidad económica y celeridad es innegable; lo que no se consigue con la venta de acciones hasta por el 49%, de las cuales 5% corresponderán a accionariado difundido y hasta 44% por cuenta de empresas; salvo que se modifiquen los estatutos de manera tal que las minorías puedan tener el control de la gestión. Si mediante el reglamento de la ley se pretende hacer esto, se va a producir un enfrentamiento en el terreno político no parlamentario, donde el Ejecutivo no tiene ningún manejo, que va a deteriorar más aún al debilitado “humalismo” que hoy solo tiene 25% de aprobación.
 
Hay una salida donde una corporación sin tener el control puede apostar por el 44% de las acciones, esa es la intervención de una empresa estatal, que teniendo amplio capital y deseando un posicionamiento estratégico desde el punto de vista de presencia regional y de relaciones bilaterales entre países pueden hacer una apuesta. Esto se llama China National Petroleum Company (CNPC), que hoy tiene una presencia predominante en el mercado peruano de hidrocarburos, después de haber adquirido los negocios que tenía la brasileña Petrobras en nuestro país.
 
Lo descrito es la situación real, ganó Castilla en su afán de deshacerse de mala manera del manejo estatal por peruanos de su petrolera.
FUENTE DIARIO EXPRESO