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miércoles, 23 de abril de 2014

MINISTRO DE ENERGÍA Y MINAS BJO PERMANENTE SUSPICACIA


Ministro de Energía y Minas bajo permanente suspicaciaEl “gabinete bajo sospecha” es como se debería llamar al Consejo de Ministros actual. Ya son tres titulares de cartera que se han convertido en el centro de la atención por posibles incompatibilidades entre su función pública y su actividad profesional o laboral. Desde el primer día han sido el blanco de los medios de comunicación: el Premier René Cornejo y el caso de la empresa Helios, aún no aclarado suficientemente; la ministra de la Mujer, Carmen Omonte y las contrataciones con el Estado por parte del que en su momento era su esposo; y el ministro de Energía y Minas, Eleodoro Mayorga, por su participación en el Estudio Laub-Quijandría, donde era socio y los clientes de este bufete tienen una serie de temas pendientes en la dependencia que él conduce.

Me quiero referir a este último caso, pues dada que la agenda del sector Energía y Minas es extensa, habrá más puntos controvertidos en donde se va poner en tela de juicio la actuación del ministro Mayorga, que ya está en problemas con menos de dos meses en el cargo. No se trata de crear desestabilización, pues la necesidad de dar soluciones a lo heredado requiere conocimiento y si algo no se le puede negar al ministro es que conoce y trabaja en el área. Lamentablemente ese hecho que es su fortaleza también es su máxima vulnerabilidad, siempre se le tratará de asociar a conflicto de intereses.

Su salida está en que tiene que dar señales que tiene independencia en el cargo y eso pasa por varias acciones, empezando por la remoción inmediata en su totalidad de los directorios de Perupetro y Petroperú. En el primer caso por su incompetencia por no haber podido otorgar los lotes de hidrocarburos con contratos vencidos o por vencerse en un proceso de competencia, y haber decidido renovarlos, generando fundadas suspicacias. En el segundo caso pues siendo el ministro el Presidente de la junta de accionistas de Petroperú, ha debido dar una señal de actuación enérgica ante un aumento de sueldos injustificado que ha generado más deterioro en la exangüe imagen gubernamental. Lo que vale en política, y el cargo que tiene es político, son las señales públicas y su inacción en los casos mencionados, lo hace aparecer como coparticipe de lo realizado.

miércoles, 8 de enero de 2014

TALARA

DEBATE TRASTOCADO: DE REFINERÍA TALARA A PETROPERÚ.
 
Queda clara la intencionalidad del ministro de Economía y Finanzas Miguel Castilla, en la reciente ley aprobada en el Congreso de la República sobre la modernización de la refinería Talara de propiedad de Petroperú. No era el proyecto modernizador el tema de fondo sino la venta de acciones, el relevo masivo de personal y nuevas reglas para la gestión de la petrolera estatal.
 
En la mencionada ley, respecto a la norteña refinería, solo se tiene la formalidad que autoriza al Ministerio de Economía otorgar garantía soberana hasta por mil millones de dólares, para respaldar el endeudamiento, para lo cual no se requería acudir hasta el Legislativo. De allí hacia delante lo trascendente son tres cosas: la reorganización de la empresa en el plazo de nueve meses, la venta del 49% de las acciones y la restricción en la ejecución de inversiones.
 
La necesidad de una reforma en la empresa para que se tomen decisiones de carácter económico y estratégico con racionalidad económica y celeridad es innegable; lo que no se consigue con la venta de acciones hasta por el 49%, de las cuales 5% corresponderán a accionariado difundido y hasta 44% por cuenta de empresas; salvo que se modifiquen los estatutos de manera tal que las minorías puedan tener el control de la gestión. Si mediante el reglamento de la ley se pretende hacer esto, se va a producir un enfrentamiento en el terreno político no parlamentario, donde el Ejecutivo no tiene ningún manejo, que va a deteriorar más aún al debilitado “humalismo” que hoy solo tiene 25% de aprobación.
 
Hay una salida donde una corporación sin tener el control puede apostar por el 44% de las acciones, esa es la intervención de una empresa estatal, que teniendo amplio capital y deseando un posicionamiento estratégico desde el punto de vista de presencia regional y de relaciones bilaterales entre países pueden hacer una apuesta. Esto se llama China National Petroleum Company (CNPC), que hoy tiene una presencia predominante en el mercado peruano de hidrocarburos, después de haber adquirido los negocios que tenía la brasileña Petrobras en nuestro país.
 
Lo descrito es la situación real, ganó Castilla en su afán de deshacerse de mala manera del manejo estatal por peruanos de su petrolera.
FUENTE DIARIO EXPRESO

jueves, 21 de noviembre de 2013

CUIDADO CON MEGA PROYECTOS EN TURBULENCIA MEDIÁTICA.
 
Agitación en su máxima expresión vemos esta semana en los medios de comunicación. La protección policial a un domicilio que corresponde a una persona natural sin cargo público, inexplicada por el Ejecutivo, que ha creado una gran crisis política y un horrendo caso de parricidio se llevan los titulares de la prensa en general. Momento propicio para estar atentos para que no pasen subrepticiamente decisiones de gobierno con connotación económica y que tengan naturaleza discutible, como lo son los megaproyectos que se van anunciando, siendo el caso de modernización de Refinería Talara el que más dudas deja.

La realización de la obra en los  arenales norteños de Talara es una aspiración legítima de los ciudadanos de la región Piura, dada la gran expectativa creada irresponsablemente por el “humalismo”, sin tener idea cabal de lo que significa hacer un emprendimiento de las cifras billonarias que se han anunciado. 

Antes de embarcarse en una obra de esta envergadura, debe quedar claro que la inversión de 3,500 millones de dólares, que corresponden a 2,700 millones en procesos de refinación y 800 millones a servicios auxiliares están dentro de los estándares del mercado, sin soslayar lo que se ha gastado desde el año 2006 hasta la fecha, período en que se ha intensificado el dinamismo del proyecto. Si estos montos no son de conocimiento público la legitimidad de lo que se pretenda hacer quedará en tela de juicio.

También debe explicarse las redundancias de tareas por parte de diversas empresas. Habiendo un supervisor como la venezolana Inelectra, se contrató a la empresa Tecnnip. Asimismo contando con la estatal Cofide de asesora financiera y el banco Societé Generale de estructurador financiero, ahora se comenta que se ha tomado a la organizacion Mckinsey. Éstas tres últimas tienen que ver con la conformidad de las cifras de negocios.

Con estas astronómicas cifras y con tantas ausencias de explicaciones, sería un despropósito que se acuerde un aumento de capital o una garantía soberana, a la petrolera estatal. La primera clarinada de alerta debe estar en la discusión de la ley de endeudamiento, a finales del presente mes de noviembre. Atentos contra las sorpresas debe ser nuestra consigna.

jueves, 18 de julio de 2013

O P I N I Ó N

LA DECISIÓN POLÍTICA EN PROYECTO TALARA
 
 
Han pasado siete años y el proyecto estatal de la modernización de la refinería Talara, de propiedad de Petroperú, está lanzado. No pocas críticas se han dado y se darán, es más, habrá fuego graneado de los que están a favor y de los que están en abierta oposición, el debate con exhibición mediática se dará, se echarán muchas cifras a la mesa para defenderlo o satanizarlo. La decisión final será política, de los ministros de energía y minas, economía y finanzas y del presidente de la república, por tanto un análisis en ese ámbito es indispensable.
 
El proyecto lo dividiría en tres rubros: desulfuración, valor agregado y servicios auxiliares. Si de poner cifras se trata, la desulfuración tendrá un costo del orden de 1,400 millones de dólares; el darle valor agregado a la producción requiere una inversión de cerca de 1,300 millones de dólares adicionales y los servicios auxiliares costarán cerca de los 700 millones de dólares. Mientras que la empresa tiene un capital social del orden de 500 millones de dólares y tiene resultados acumulados por otros 500 millones de dólares.
 
Si la decisión es solo desulfuración, los 1,400 millones de dólares será inversión a fondo perdido, pues el combustible no cambiará de precio al público, la competencia de la importación lo impedirá y no habrá recursos adicionales a los existentes para recuperar lo invertido.
 
Si se opta por la desulfuración más valor agregado, la inversión ascenderá a 2,700 millones de dólares a lo que habría que agregar 700 millones de servicios auxiliares, que si son entregados a terceros en concesión se alivia las necesidades de inversión de la petrolera estatal.
 
Dos preguntas fluyen inmediatamente: ¿será sujeto de crédito la empresa? ¿Se podrá pagar el flujo de pagos futuros? Las dos respuestas son afirmativas con condicionales que dependen de decisión política. En el primero de los casos se requerirá la capitalización de los resultados acumulados y para el segundo que el ejecutivo le permita recuperar el IGV que pasa a ser costo por ser una empresa domiciliada en Lima y que tiene que vender combustibles en las zonas de selva donde hay exoneraciones de impuestos. Me parecería inverosímil que el gobierno del “humalismo” no tome una decisión tan sencilla.
 

miércoles, 3 de julio de 2013

T A L A R A

LA DECISIÓN POLÍTICA EN PROYECTO TALARA.
 

Han pasado siete años y el proyecto estatal de la modernización de la refinería Talara, de propiedad de Petroperú, está lanzado. No pocas críticas se han dado y se darán, es más, habrá fuego graneado de los que están a favor y de los que están en abierta oposición, el debate con exhibición mediática se dará, se echarán muchas cifras a la mesa para defenderlo o satanizarlo. La decisión final será política, de los ministros de energía y minas, economía y finanzas y del presidente de la república, por tanto un análisis en ese ámbito es indispensable.

El proyecto lo dividiría en tres rubros: desulfuración, valor agregado y servicios auxiliares. Si de poner cifras se trata, la desulfuración tendrá un costo del orden de 1,400 millones de dólares; el darle valor agregado a la producción requiere una inversión de cerca de 1,300 millones de dólares adicionales y los servicios auxiliares costarán cerca de los 700 millones de dólares. Mientras que la empresa tiene un capital social del orden de 500 millones de dólares y tiene resultados acumulados por otros 500 millones de dólares.

Si la decisión es solo desulfuración, los 1,400 millones de dólares será inversión a fondo perdido, pues el combustible no cambiará de precio al público, la competencia de la importación lo impedirá y no habrá recursos adicionales a los existentes para recuperar lo invertido.

Si se opta por la desulfuración más valor agregado, la inversión ascenderá a 2,700 millones de dólares a lo que habría que agregar 700 millones de servicios auxiliares, que si son entregados a terceros en concesión se alivia las necesidades de inversión de la petrolera estatal.

Dos preguntas fluyen inmediatamente: ¿será sujeto de crédito la empresa? ¿Se podrá pagar el flujo de pagos futuros? Las dos respuestas son afirmativas con condicionales que dependen de decisión política. En el primero de los casos se requerirá la capitalización de los resultados acumulados y para el segundo que el ejecutivo le permita recuperar el IGV que pasa a ser costo por ser una empresa domiciliada en Lima y que tiene que vender combustibles en las zonas de selva donde hay exoneraciones de impuestos. Me parecería inverosímil que el gobierno del “humalismo” no tome una decisión tan sencilla.
 

miércoles, 2 de enero de 2013

O P I N I Ó N

Mal entendido fortalecimiento de Electroperú y Petroperú
 
 
Los rezagos del nacionalismo estatista predicado en la campaña electoral por el “Humalismo”, han persistido en el sector energético con los anuncios recurrentes del fortalecimiento de Electroperú y Petroperú. A nombre de esto se sigue prometiendo que en ellas se realizarán inversiones para ser actores importantes en el mercado. Mi posición queda muy clara: creo en empresas estatales competitivas que merecen fortalecerse, pero eso no se consigue haciéndolas participar en actividades sin rentabilidad económica y ni siquiera social, que es lo que se pretende hacer.

Pregonar que no debe hacerse las inversiones que anuncia el gobierno para las estatales de la electricidad e hidrocarburos, es tarea nada grata. Los adláteres taimados, con Registro Único de Contribuyente, salen al ataque personal y los empleados de las empresas, en lectura precipitada y sesgada, me identifican como enemigo. Más cómodo es silbar, mirar al techo, hacer informes sobre pedido y pasar por tesorería; no es mi estilo. Mi apego lo demuestro exigiendo prolijidad y racionalidad económica en la gestión.

Hoy Electroperú ya tiene bastante con los 544 Megavatios (MW) adquiridos a corporaciones privadas, que tienen hidroeléctricas en construcción. El precio medio de adquisición es 17% más elevado de lo que registran las transacciones por subasta y la colocación de la energía que se produzca a partir del 2016 generará pérdidas económicas de 26 millones de dólares anuales o de lo contrario ya encontrarán la forma de trasladarla al consumidor final, asumiendo un sobrecosto más. En esas condiciones quiere endilgarse la responsabilidad de construir una termoeléctrica de 200 MW para justificar un consumo de gas para los gasoductos que demagógicamente se han anunciado.

Por su parte a Petroperú más allá del oneroso costo que significa las cifras del Proyecto de Modernización de la Refinería Talara, se le quiere trasladar la responsabilidad de participar en un complejo petroquímico en la costa sur, que no tiene viabilidad económica y financiera. Señores del gobierno, no se fortalece una empresa aumentando el capital y haciéndola a participar en proyectos de costos hundidos, así lo que se consigue es disminuir el valor de las acciones.


 

Primeras horas del año


Hay de todo en esta primera mañana del año, pero quizás podemos separar a la gente que despierta en tres grandes grupos: quienes batallan silenciosamente contra una gran resaca de alcohol y comida, quienes descansan tras una celebración moderada, y quienes disfrutan de la frescura matinal de haberse recluido temprano la noche del 31.

¿Hay arrepentimiento? No tendría por qué haberlo, puesto que cada uno ha elegido su destino. Pero arrepentimiento puede darse en los tres casos. No siempre elegimos la noche que nos convenía. No olvidemos la difundida superstición de que la manera de recibir el nuevo año (colores, uvas, vueltas a la manzana maleta en mano) puede definir lo que sucederá a lo largo de él.

Pero hay la sospecha de que en los tres casos es inevitable una cierta sensación de tiempo detenido por unas horas. En los calendarios y agendas el cambio es claro, pero en el ánimo el año viejo aún tiene algo de sus garras clavadas en nuestra realidad, en la conciencia de nuestras rutinas, y al nuevo le faltan todavía un par de acordes para terminar de aparecerse.

Las reflexiones y resoluciones sobre los próximos 365 días suelen ser más bien cosas de los últimos días de diciembre, ejercicios para tratar de rectificar nuestra sensación de haber estado en falta con el año que ya partía, irremediable. Lo de esta hora matinal es más bien la perplejidad, y el secreto temor de que la fecha acaba de cambiar, pero que nosotros vamos a seguir iguales.

Además llegamos al 1.1.13 cargados de pronósticos ajenos en los que no terminamos de creer, convencidos de que las crisis económicas, las guerras y las catástrofes van a suceder lejos de nosotros. Tampoco nos importa mucho el destino de los diversos políticos en el año. Pero a la vez esta mañana nos resulta difícil imaginar algunos vaticinios para nuestras vidas.

En general los años personales nunca se parecen a sus pronósticos. En lo que toca a la vida diaria, una de las mejores opciones es que el próximo no sea tan diferente del año anterior: queremos mejoras y alivio, de pronto hasta que se nos cumpla con urgencia un milagro, pero incluso en esos casos, no queremos sacudones existenciales.

Por eso, resacados o reposados o con las pilas divinamente recargadas por la frugalidad, nos hemos inmovilizado un instante luego de despertar esta mañana. Preguntándonos, acaso sin conciencia de ello, si es que algo realmente ha cambiado durante la noche. O si por azar o equivocación no hemos sido lanzados, por ejemplo, directamente al segundo día del año, y lo que venga.