sábado, 1 de octubre de 2011

OPINIÓN… La siempre escasa cultura de prevención

Autor:
Enrique Castillo P. *

Resulta lamentable comprobar cada día, que de lo que más adolecemos en el Perú es de una cultura de prevención. Y esto no es de ahora ni de esta administración, es de siempre y responsabilidad de todas las administraciones y de varios malos empresarios.

Los dos hechos que han consternado y cubierto de titulares el país entero, pudieron evitarse. ¿Acaso no es "pan de todos los días" el enfrentamiento entre barras, bandas, pandillas, y hasta colegios? ¿Acaso no es perfectamente previsible un enfrentamiento armado y feroz entre seudohinchas de Alianza y Universitario en un clásico?

La lamentable muerte de algunos niños y la penosa intoxicación de otros en Cajamarca, ha puesto al descubierto un problema que pasa totalmente desapercibido: las condiciones en las que se almacenan y manipulan los alimentos destinados a satisfacer las necesidades de una población vulnerable y desprotegida. ¿Es que acaso resulta muy difícil para los especialistas y funcionarios de las organizaciones encargadas, darse cuenta de la necesidad de proteger esos alimentos? ¿Acaso no es de sentido común no juntar nunca los pesticidas con los alimentos? ¿Dejaría usted amigo lector que en algún supermercado le embolsen sus alimentos con los detergentes o que le viertan insecticidas allí donde usted guarda sus alimentos?

Y estos son solo dos terribles botones de muestra. Trabajadores que caen de una obra por no contar con los debidos instrumentos para la seguridad; gente que construye sus casas a la ribera del río ante la vista y paciencia de las autoridades; taxistas o colectivos que asaltan porque las autoridades los dejan circular a pesar que saben dónde operan y por dónde van; incendios o tragedias en discotecas o locales que no cuentan con licencias pero que funcionan ante la mirada cómplice de las autoridades.

Siempre preferimos esas terribles e interminables persecuciones a los culpables y los "culebrones" que de ellas se hace, siempre preferimos señalar y acusar después, especular y decir qué se hubiera podido hacer, nunca antes, nunca preventivamente, siempre después. El problema es que eso ya no nos devuelve a nuestros seres queridos y lo terrible es que nos estamos acostumbrando a vivir así.
* Periodista

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