Autor:
César Inga Ballón *
Desde la época colonial, Lima fue siempre el centro del poder, el núcleo hegemónico desde donde se administraba y decidía el destino de los pueblos de uno de los países más diversos y contrastantes del mundo en los campos étnico, cultural y geográfico.
En la era republicana independiente, el centralismo no desapareció sino que, por el contrario, se fortaleció para favorecer a los grupos feudales y coloniales sobrevivientes al Virreinato y así se ahondaron las grietas de la desigualdad y el desencuentro con los pueblos de tierra adentro que quedaron marginados y sometidos a la explotación y el abandono.
Así, el centralismo se convirtió en uno de los grandes males de nuestra patria, porque los peruanos frustrados por la falta de oportunidades en sus provincias migraron masivamente a la capital, creando una explosión demográfica urbana desmesurada y trasladando la pobreza extrema a inmensos barrios marginales.
El gran historiador Jorge Basadre, patriarca de la peruanidad, predicó siempre con fe y vehemencia sobre la necesidad de acabar con esta crónica dicotomía de la patria, para saldar las diferencias, aparentemente irreconciliables entre un "Perú oficial", asentado en el poder centralista, y un "Perú real", vigente en cada rincón de nuestro territorio, valorando sobre todo nuestra diversidad natural y cultural.
Sucesivos gobiernos ensayaron muchos proyectos descentralistas, mas no abandonaron nunca su vocación y práctica hegemónica, y terminaron gobernando como siempre, de espaldas a la realidad, y se olvidaron de los más pobres.
Desde que asumió el mando constitucional de la nación, el presidente de la República, Ollanta Humala Tasso, ha instaurado un nuevo estilo de gobierno, basado principalmente en el contacto directo con nuestra realidad y el diálogo permanente con los pueblos que jamás fueron escuchados.
Desde los primeros días de su administración, el Jefe del Estado se ha constituido personalmente allí donde existen problemas más urgentes por resolver, como en Ica devastada por el terremoto de 2007, en los pueblos altoandinos afectados por el friaje, y ayer, mientras inauguraba en Junín el programa laboral Jóvenes a la Obra, ha anunciado su decisión de gobernar desde adentro del país, y no desde el centro del poder.
Se trata de un nuevo e importante paso, sin precedentes, en su esfuerzo por liderar e impulsar la verdadera y definitiva descentralización de la nación, con un plan que lo llevará a permanecer días en cada región para gobernar, fiscalizar y coordinar acciones concretas con las autoridades regionales y locales.
"Vamos a recorrer el país, y me voy a quedar en las regiones para trabajar directamente con la gente, viendo que lo que se ha ordenado se haga, sin corrupción, con buenos manejos, con transparencia, con equidad y justicia", manifestó el presidente Ollanta Humala.
La Asamblea Nacional de Gobiernos Regionales (ANGR) –a través de su coordinador, Vladimir Cerrón– ha respaldado este anuncio. La descentralización no se impone, sino que se construye desde las raíces mismas de la República.
* Periodista

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