Autor:
Richard Webb (*)
Saludo la declaración del presidente Ollanta Humala, efectuada en Puno la semana pasada, para afirmar que los programas sociales se orientarán a ser productivos más que asistencialistas.
Se haría caso entonces al aforismo que recomienda regalar una caña de pescar antes de regalar un pescado. La simple caridad, como en el reparto de alimentos o en el programa Juntos, es una respuesta humana, pero paradójicamente es una respuesta que deshumaniza. Ante el hambre o la enfermedad, no podemos negarnos, pero tampoco debemos perder de vista que, como toda medicina, la caridad tiene efectos secundarios indeseables. Crea dependencia, destruye el orgullo y resta iniciativa. Al final, el arte de la medicina reside en calibrar la dosis.
Saludo a la vez que, implícitamente, la ruta que se anuncia estaría poniendo la inclusión antes que la redistribución, exactamente lo opuesto a la filosofía del gobierno del general Velasco. Ambos regímenes anunciaron el mismo objetivo antipobreza, pero el camino de Velasco gastó toda su energía en un primer paso que consistió en quitar a los ricos y, al final, nunca se ocupó de atender las necesidades productivas de los pobres.
Diez años de reforma agraria pero sin capacitación o infraestructura dejaron a la vasta mayoría de los campesinos en la misma pobreza de siempre.
En los años 70, por ejemplo, se registró el índice más bajo de construcción de carreteras y de caminos rurales. La red vial apenas se expandió en 17% en esa década, muy por debajo del 48% logrado durante los años 60, y el 61% de los años 2000.
Saludo también que el nuevo gobierno ha reconocido que el país cuenta con experiencias probadas en cuanto a la inclusión del campesino, como es el sistema de ayuda campesino a campesino, basado en promotores llamados ‘yachachiqs’ y ‘kamayoqs’, y a través de proyectos oficiales que buscan apoyar la integración de pequeños productores al mercado. De otro lado, espero que se mantenga el dinamismo que han tenido en los últimos años la construcción de caminos y la expansión de la electrificación y de la telefonía e Internet, ya que sin una rápida extensión de esta infraestructura a través del territorio nacional todo esfuerzo de inclusión terminaría siendo letra muerta. Ya sabemos cómo dar apoyo productivo; solo falta multiplicar esos esfuerzos.
Sorprende, sin embargo, que la meta para la reducción de la pobreza, del 31% actual al 20% en 2016, sea tan modesta. Más logró el gobierno anterior.
(*) Director Instituto del Perú, USMP

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