Escribe: Ricaldi Ramírez Ruiz(*)
Este gran proyecto hasta el momento, es un sueño, reposa en el imaginario popular; es parte de un mecanismo dispuesto a resolver grandes cosas, pero en más de 20 años de promocionarle, no pasa de ser una legítima aspiración.
Y es que en este nuestro Perú vivimos de grandes contradicciones, desencuentros como este. Por ejemplo, si comenzamos analizando por la factibilidad de esta obra; nos respondemos, cómo no ha sido ejecutada, si el Estado Peruano por intermedio del actual gobierno, ha sido capaz de la construcción de obras cuyos costos han representado inversiones elevadas a la enésima potencia, casos: La carretera Interoceánica en el sur del país de más de 500 km. de extensión, el Tren de Lima, Hidroeléctricas en la zona del ande, la remoción del Estadio Nacional; quiere decir ejecución de verdaderas y sustentables obras de desarrollo, con el aporte de formidables e impostergables inversiones.
La ejecución de esas obras que responden a un bien diseñado programa de desarrollo, van resolviendo exigencias y necesidades urgentes para diferentes regiones y pueblos, en el acierto de plantear el cambio generando las condiciones de competir con eficacia y no retrasarnos en el avance tecnológico como camina el mundo.
Todo es parte de una carrera en desarrollo donde no se puede perder el paso. Nuestros gobernantes han entendido la impostergabilidad en ejecución de obras que sean respuesta a esas grandes aspiraciones, al cumplimiento de políticas, programas, planteamientos para conducir a un país del subdesarrollo generacional; integrándole, haciendo sustentable su futuro.
Todo este pensamiento, nos lleva asegurar el gran concepto que las obras de desarrollo imperativamente deben ejecutarse en el espacio, tiempo histórico que les corresponde; ejecutarlas fuera de esa concepción, implica desvalorizar y reducir los resultados sociales; significa postergar el cambio generando más necesidades y complicando el devenir justo, exacto de las sociedades (cita de Haya de la Torre en 1934).
Significa que si en la propuesta del Estado, se acertó con la ejecución de obras fundamentales de macro desarrollo; cometió por otro lado, un grave descuido al no tomar en cuenta similares decisiones en regiones y provincias que esperan la bondad de las mismas desplazándose en sus legítimas aspiraciones.
Este es el caso del gran proyecto, concebido como una necesidad de cambio, integración, mancomunidad, de la Carretera Costanera, cuyo objetivo es poner fin a la inconexión absurda de pueblos clonados por potencialidades desaprovechadas y que se pierden por una inadecuada interpretación en la aptitud de gobernar.
Más de dos décadas de retraso tiene el Proyecto de la Costanera. La pretensión es unir, aprovechar los recursos de pueblos hermanos como Sechura, Paita, Talara y porque no Tumbes. Su ejecución será la respuesta exacta, es poner a los pueblos que integran estas provincia en su sitio generacional; es quitarles espacios al atraso. No necesariamente hay que entender que se trata de la construcción de una carretera de integración; es la hermosa oportunidad de rescatar recursos de cada pedacito de estos pueblos, darles aprovechamiento. Finalmente, para aleccionar que debe dejarse atrás las aspiraciones fáciles, líricas e ir en el término más inmediato a su realización.
(*) Periodista
Director NoticiasTalara.Com

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