miércoles, 6 de julio de 2011

EDITORIAL…


6 de julio Día del Maestro Peruano

Honra y gloria para el maestro, así en el término lato de la palabra; maestro etimológicamente tiene una significación muy profunda, arraigante.  Su equivalente quizá no tiene parangón, por la significancia de la misión que pesa sobre sus hombros, que ha burilado sus conciencias. Para apreciar mejor la idea, la concepción del fonema y función del concepto maestro; decimos: todos hemos olvidado muchas veces experiencias de nuestras vidas, por muy importante que ellas hayan podido pesar sobre la evolución de la persona; lo que nunca hemos olvidado en esas experiencias edificantes, han sido los nombres de nuestros maestros, que están grabados en nuestros recuerdos.  Para no decir más, lo que es el hombre, la sociedad, la Nación, el mundo... se lo debemos a este personaje llamado ¡¡MAESTRO!!

Quedamos plenamente seguros y convencidos que escribir, definir con estricto sentido de justicia, el contenido, la misión del hombre maestro, requiere de mucho esfuerzo y más inspiración.  Pocos serán los escribas que llenen, colmen todos los espacios y ser exactos para definir al maestro; cuando aquel cumple con sacrificio su rol que le confía la sociedad.  El resultado de ello es cuando aquel niño, joven instruido, educado por un maestro, es convertido en un ser civilizado, útil, constructivo... y facilitado, listo para integrarle a un mundo en busca de equidad, prosperidad y desarrollo.

Pero, en esas grandes controversias que tiene la vida, mientras la obra del maestro no tiene límites conmensurables de sus potenciales metas, el maestro, convive siempre en la precariedad de su soledad, en la indiferencia e incomprensión que le brinda el Estado.  Cuántos peruanos estamos en condiciones de levantar la mano, para acreditar que hemos visto a nuestros maestros en calles, plazas, desesperados demandando que el Estado, le proporcione el lugar, las condiciones sociales desde donde puedan desarrollarse con dignidad, amor propio y estado de justicia donde puedan evolucionar en  ego y  personalidad.

En todo el planeta, fundamentalmente en países cabecera del desarrollo, aseguran que el mismo, viene cuando el Estado ha fortificado, ha invertido y renovado las estructuras sociales de la educación y por ende del maestro. Allí radica la diferencia social, los grados de desarrollo entre países.  Cómo puede ser posible que al elemento primordial, encargado de la formación del ser humano, le adjudiquemos categoría despreciable. Cómo puede ser posible que aquel esforzado y místico profesional, tenga respuestas de apremio, mientras que otros pocos productivos, se les tenga reservado un status social que no lo merecen y no lo han ganado con el sudor del esfuerzo.

Que cuando en el país, se mencione el Día del Maestro Peruano, esto no se traduzca en encuentros efímeros, de mero cumplimiento. No se puede hacer reconocimientos que tiene naturaleza de paliativos burlescos.  Por el bien del desarrollo educativo del país, donde el maestro es eje principal, hay que cambiar la versión.  Cuando de verdad, se le quiera reivindicar dentro de los estrictos parámetros de la justicia social, el aparato del Estado debe tener el estado de ánimo y la convicción de promulgar los instrumentos legales que conciten y complazcan sus aspiraciones. ¡SALUD MAESTROS DE LA REPÚBLICA!

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