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jueves, 11 de setiembre de 2014

SOBRE LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA.
 
Desde que se descubrió que el ministro Urresti tenía un proceso penal por homicidio se ha argumentado, empezando por el presidente y la alcaldesa, que mientras no haya una sentencia definitiva hay que presumir que es inocente y dejarlo en el cargo.
 
Curioso argumento que mezcla asuntos penales, en donde la presunción se refiere a garantías de un debido proceso, con asuntos políticos, donde la presencia de personas con posibles vínculos con delitos graves las debiera inhabilitar temporalmente para ejercer funciones tan delicadas como ser ministro del Interior (desde la que se tiene, además, una gran capacidad de presionar a quienes lo juzgan).
 
Hay que reconocer que en el Perú de hoy a muy pocos importan estas “exquisiteces éticas” y que, de la mano de la cuasi total indiferencia de la clase política sobre el tema, el ministro tiene una alta aprobación. La situación se parece mucho al “roba, pero hace obra”, que beneficia hoy a tantos en campaña.
 
La cosa se ha complicado, sin embargo, porque ahora el ministro Urresti comienza ser el ‘juez’ que decide cuándo sí o cuándo no vale esa presunción de inocencia. Está así lo de Barranca, donde ante cámaras Urresti señaló a un candidato como vinculado a narcos, porque en su camioneta se había encontrado droga. Era yeso.
 
En sentido contrario, en Trujillo, se adelantó a decir que nada tenía que ver el congresista León en el decomiso de droga, pese a que su vivienda estaba alquilada al capo mexicano. Eso fue quizás lo que animó al congresista a decir que no conocía al narco y la razón por la que los policías, molestos por el engaño, filtraron videos en los que se ve al congresista entrando a la vivienda del narco y permanecer buen tiempo dentro.
 
Américo Zambrano, de Caretas, autor del reportaje, señala que según sus fuentes fueron por lo menos cinco veces las que León visitó al mexicano en su domicilio. Ello no lo hace per se culpable, pero deja bien malparado a quien de antemano lo había eximido de todo. 

jueves, 31 de octubre de 2013

VASOS COMUNICANTES
 
En La República del mismo día, Carlín caricaturiza a Toledo entrando al Congreso a declarar y le preguntan: ¿Pedirá que se anule todo? ¿Se copia de la estrategia de García? Este contesta: “Uso una estrategia combinada, también tengo esto”, mostrando un tensiómetro.
 
Sin duda, los casos de Fujimori, Toledo y García son diferentes y cada uno tiene su propio drama. Pero el hecho de tratarse de los tres últimos presidentes hace imposible para la mayor parte de la ciudadanía el separarlos.
 
Fujimoristas y apristas gozan con la desgracia de Toledo. Humalistas y toledistas disfrutan con las tribulaciones de García y el patético capítulo final de Fujimori. Los unos se ensañan con los otros y viceversa.
 
Es normal: son rivales políticos y compiten entre sí; además, en todos los casos hay muy buenas razones para acusar.
 
El problema es que hay vasos comunicantes entre las tres historias que terminan convirtiéndolas en una sola. Por eso, cada puñalada que un aprista le asesta a Toledo hiere de carambola a Alan García. Cada golpe que recibe Toledo de los fujimoristas le recuerda a la gente que Fujimori purga condena por cosas mucho peores. Humala no escapa, ya que mucha gente se debe de estar preguntando si él no está haciendo lo mismo.
 
Es deprimente y vergonzoso ver que quienes pasaron por el poder fueron responsables de tantas barbaridades. Es un nuevo y tremendo golpe a la clase política.
 
¿Trae esto consecuencias para la política peruana? La más obvia: estimula la búsqueda de alguien nuevo, diferente y ajeno al elenco estable de los políticos “tradicionales”, acentuando la incertidumbre.
 
Es también una razón más para que gente que se respeta a sí misma se diga: jamás estaré en política o nunca regresaré a ella.