Escribe:
Ricaldi Ramírez Ruiz (*)
La dilatada estadía de las mismas autoridades en los cargos no es muy saludable. Casi se ha convertido en una tradición que ese enraizamiento trae consigo perjuicios, males, tentaciones donde generalmente sale perjudicada la población. Qué se consigue cambiando o fabricando más leyes, sin son manejadas por gente no confiable.
Se conocen casos, en todo el país, de autoridades que utilizando alguna varita mágica, poder exuberante o buenos padrinos han permanecido tiempos muy imprudentes en los cargos. Esto por ejemplo sucede con policías, jueces, fiscales, gobernadores, representantes de los cuerpos de las FF.AA., directores de hospitales del Estado, representantes del IPD y otros.
Y por esta san bendita costumbre, el pueblo frecuentemente se queja, se siente insatisfecho, defraudado y cansado de la comisión de abusos, arbitrariedades; y por esa generalidad, la Ley, el orden y el respeto quedan pintados en la pared. La explicación al respecto es muy sencilla pues en muchas regiones del país existen ciudades -y una de ellas es Talara- donde ciertas plazas son muy "importantes o rentables", y en gobiernos pasados desde las más altas esferas conocen a través de un mapa de intereses, las rentabilidades que representan aquellas. Entonces esa es la respuesta para provocar nombramientos "estratégicos" y de larga data.
Talara es una ciudad que se encuentra diseñada en ese criterio; potencialmente es un gran aperitivo, la comilona es buena, autoridades que llegaron aquí con su maletita de peluquero, se fueron luego de amasar opíparas ganancias y para disimular las apariencias desaparecen entre gallos y medianoche con propiedades, flota de vehículos y otras formas de enriquecimientos, desbalance patrimonial, signos alarmantes de riquezas.
Todo esto ha ocurrido en el país bajo el techo nublado de la corrupción, fenómeno que preocupa y que ha puesto a la Nación en cuidados intensivos. Todos los peruanos damos cuenta de ello; no existe lugar, dependencia, cargo, municipalidades, gobiernos regionales que no estén infestados de esta pandemia. Si se tratara el caso de ponernos los peruanos a contar caso por caso, esto sería una tarea imposible.
Abordemos el solo caso de la delincuencia que afecta al país. Hace pocos días se ha dicho con mucha razón: "Un juez, un policía, un fiscal corrupto.. es mil veces más peligroso que el más grande de los delincuentes"; que nos parece, qué hacemos persiguiendo, correteando, desafiando peligros en perseguir a furtivos delincuentes, si los jueces y fiscales, ya tienen de antemano listas las órdenes de facilitarles su libertad. Y por esa razón, la cosecha de delincuentes es frondosa, el árbol sigue dando "buenos frutos", come el delincuente y come la autoridad.
Aquí en esta ciudad petrolera, ciudad de grandes apetitos para ese tipo de autoridades, existen fiscales, policías, jueces que han pernoctado en los cargos por larga data. Muchas de ellas tienen entendimientos, dicho de mejor forma están bajo la sombra, la planilla dorada de empresarios y de poderosas empresas. Esa es la razón que explica por qué en las calles la seguridad ciudadana no funciona. Las fuerzas policiales y las órdenes están dirigidas para cuidar el patrimonio, las espaldas de los protegidos.
Hace poco escuchamos que un General de la Policía de Piura, rompiendo con su impotencia dijo: "Qué hacemos capturando, rompiendo las mafias, persiguiendo al hampa, si inmediatamente vienen los fiscales y les otorgan sus libertades". Eso es muy cierto, indiscutible, es un axioma que se cumple y se acata sin duda ni murmuraciones; es una premisa que se ve aquí en este pobre pueblo petrolero donde conocidísimos delincuentes, veteranos comercializadores de la droga, asaltantes juegan a la ruleta rusa, ingresando y saliendo de los penales.
Ahora cuando en el país soplan vientos alisios de promesas de cambio, lucha contra la corrupción enquistada desde los más representativos cargos de funcionarios del Estado, se debe predicar con el ejemplo, que lo dicho se cumpla y se inicie el temperamento de retirar de los cargos de esas autoridades: Fiscales mafiosos, jueces corruptos que administran a su libre albedrío y ponen precio a la justicia. Si no se persiste en su cambio, olvidémonos que la paz, la justicia, puedan brindar seguridad a este pueblo.
(*) Periodista
Director NoticiasTalara.Com
Prensa Digital

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