No es el tema mas oportuno para haberle puesto en relieve dentro del actual quehacer polìtico. Nos da la impresiòn, que los nervios estàn traicionando a muchos y empezamos a interpretar el inicio de un nuevo gobierno con temperamentos de presiòn y en el campo de la lògica polìtica con actitudes inversamente proporcionales.
El caso de la presunta libertad de Alberto Fujimori, es muy complicado, dado su entorno de alcance legal que significa estar sentenciado en todas las instancias por la Justicia del Perù. Y, lo mas complicado, es que se le sentencia por delitos de lesa humanidad, entendiendo que delitos de ese orden, no tienen perdòn dentro del marco jurìdico, no es posible un indulto presidencial.
Dentro de la tradiciòn en la aplicaciòn del derecho internacional en la materia, se le concede el indulto a personas sentenciadas -mayormente arbitrariamente- por delitos polìticos. En caso extremo, se concede el perdòn por exceso de edad, o comprobaciòn de estar el involucrado, afectado de un mal o enfermedad irreversible.
Por la salud social, democràtica, polìtica del paìs, por exigencias de concertaciòn para dejar atràs desentendimientos peligrosos; definitivamente para dejar atràs la gravedad de una polarizaciòn del pueblo peruano que tanto se teme, las administraciones gubernamentales -corriendo los riesgos y costos de los mismos- podrìan tomar decisiones potestativas que pueden mejorar la salud del paìs como agravarlas.
Para tomar una decisiòn de esa naturaleza - puede hacerlo tanto el gobierno de salida como el entrante - debe fijar la decisiòn en ese principio constituciòn, donde advierte que todos somos iguales ante la ley. Y si se concede perdòn o indulto para Alberto Fujimori, tambièn tendrìa que contemplarse el beneficio para otros.
La esperanza en el sector fujimorista estaba puesta en el mismo acto de ganar las elecciones, asì las cosas se facilitaban con el cambio del autoridades del poder judicial y reemplazàndolas por otras que harìan el milagro de considerar no sòlamente la parcializaciòn del proceso que condenò a Fujimori, sinò, de elevar las opiniones jurìdicas, hasta considerarle inocente.
Desde luego que todos los peruanos sabemos que Alberto Fujimori no es inocente, sus delitos son muy graves, y la situaciòn se pone mas dificil en un pretendido perdòn o indulto, cuando los voceros de esta agrupaciòn, sostienen que no admitiràn la medida del indulto porque llana y sencillamente Fujimori no es culpable de nada.
Dentro de toda posiciòn de la deontologìa, este no es y no serà un tema que se demande como requisito sine-quanon, para restablecer la unidad que exige la naciòn, menos como un elemento para una declaratoria de concertaciòn. Asì de complicado, a nuestra opiniòn, es el caso del señor ALBERTO fUJIMORI, Salvo mejor parecer.
*`Presidente de Aspeta.
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